sábado, 18 de noviembre de 2017

Altares de San Pablo y San Pedro


En espíritu orante, peregrinos hoy hasta los altares mayores de las basílicas de los apóstoles san Pedro y san Pablo. Ambos están cubiertos por sendos baldaquinos, que simbolizan la presencia del Espíritu Santo sobre dichos altares, levantados sobre las sagradas tumbas de los apóstoles, en los que el Santo Padre celebra de forma solemne el Santo Sacrificio de la Misa.


Bajo sendos altares, se encuentran las humildes y sencillas tumbas de dos personas que, en su día, no sólo fueron insignificantes a los los de los hombres, sino que fueron ejecutados como criminales por las autoridades romanas, por dar testimonio de la Resurrección del Señor Jesús. Con el tiempo, la magnificencia de estos lugares pretende expresar una gloria que supera toda dimensión humana, para elevarse a lo alto, hacia el cielo.

jueves, 16 de noviembre de 2017

El actual Monasterio de Hefta

El Monasterio de Helfta, donde se desarrollaron las extraordinarias vidas espirituales de las santas Gertrudis de Hackeborn (1232–1291), Matilde de Magdeburgo (1207–1284/92) y Gertrudis de Helfta (1256–1301/02), fue destruido por la Reforma Protestante. Además, el cristianismo del lugar sufrió la dura persecución comunista acaecida después de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Una nueva comunidad decidió, posteriormente, venir a este territorio, que los alemanes denominan de diáspora, dada la escasa proporción de católicos. La iglesia que vemos es el templo del actual monasterio. En este lugar, queremos seguir recordando la magistral catequesis del papa Benedicto, que hemos comenzado a leer en la sección de Imágenes Sagradas.

Matilde nació en 1241 o 1242, en el castillo de Helfta; era la tercera hija del barón. A los siete años, con la madre, visitó a su hermana Gertrudis en el monasterio de Rodersdorf. Se sintió tan fascinada por ese ambiente, que deseó ardientemente formar parte de él. Ingresó como educanda, y en 1258 se convirtió en monja en el convento que, mientras tanto, se había mudado a Helfta, en la finca de los Hackeborn. Se distinguió por la humildad, el fervor, la amabilidad, la limpidez y la inocencia de su vida, la familiaridad y la intensidad con que vive su relación con Dios, la Virgen y los santos. Estaba dotada de elevadas cualidades naturales y espirituales, como «la ciencia, la inteligencia, el conocimiento de las letras humanas y la voz de una maravillosa suavidad: todo la hacía apta para ser un verdadero tesoro para el monasterio bajo todos los aspectos» (ib., Proemio). Así, «el ruiseñor de Dios» —como se la llama—, siendo muy joven todavía, se convirtió en directora de la escuela del monasterio, directora del coro y maestra de novicias, servicios que desempeñó con talento e infatigable celo, no sólo en beneficio de las monjas sino también de todo aquel que deseaba recurrir a su sabiduría y bondad.

Iluminada por el don divino de la contemplación mística, Matilde compuso numerosas plegarias. Fue maestra de doctrina fiel y de gran humildad, consejera, consoladora y guía en el discernimiento: «Ella enseñaba —se lee— la doctrina con tanta abundancia como jamás se había visto en el monasterio, y ¡ay!, tenemos gran temor de que no se verá nunca más algo semejante. Las monjas se reunían en torno a ella para escuchar la Palabra de Dios como alrededor de un predicador. Era el refugio y la consoladora de todos, y tenía, por don singular de Dios, la gracia de revelar libremente los secretos del corazón de cada uno. Muchas personas, no sólo en el monasterio sino también extraños, religiosos y seglares, llegados desde lejos, testimoniaban que esta santa virgen los había liberado de sus penas y que jamás habían experimentado tanto consuelo como cuando estaban junto a ella. Además, compuso y enseñó tantas plegarias que, si se recopilaran, excederían el volumen de un salterio» (ib., VI, 1).

En 1261 llegó al convento una niña de cinco años, de nombre Gertrudis; se la encomendaron a Matilde, apenas veinteañera, que la educó y la guió en la vida espiritual hasta hacer de ella no sólo una discípula excelente sino también su confidente. En 1271 ó 1272 también ingresó en el monasterio Matilde de Magdeburgo. Así, el lugar acogía a cuatro grandes mujeres —dos Gertrudis y dos Matilde—, gloria del monaquismo germánico. Durante su larga vida pasada en el monasterio, Matilde soportó continuos e intensos sufrimientos, a los que sumaba las durísimas penitencias elegidas por la conversión de los pecadores. De este modo, participó en la pasión del Señor hasta el final de su vida (cf. ib., vi, 2). La oración y la contemplación fueron el humus vital de su existencia: las revelaciones, sus enseñanzas, su servicio al prójimo y su camino en la fe y en el amor tienen aquí sus raíces y su contexto. En el primer libro de la obra Liber specialis gratiae, las redactoras recogen las confidencias de Matilde articuladas a lo largo de las fiestas del Señor, de los santos y, de modo especial, de la bienaventurada Virgen. Es impresionante la capacidad que tiene esta santa de vivir la liturgia en sus varios componentes, incluso en los más simples, llevándola a la vida cotidiana monástica. Algunas imágenes, expresiones y aplicaciones a veces resultan ajenas a nuestra sensibilidad, pero, si se considera la vida monástica y su tarea de maestra y directora del coro, se capta su singular capacidad de educadora y formadora, que ayuda a sus hermanas de comunidad a vivir intensamente, partiendo de la liturgia, cada momento de la vida monástica.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Luz en la que Dios se revela

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martes, 7 de noviembre de 2017

La Abadía de Echternach

Teofrido de Echternach

Celebramos hoy la memoria litúrgica de san Wilibrordo. Por eso, vamos a conocer esta importante Abadía benedictina de la época del Sacro Imperio Romano Germánico.

Iglesia Abacial

Echternach es una ciudad del distrito Grevenmacher, localizado al este de Luxemburgo. Echternach se encuentra cerca a la frontera de Alemania, y es la población más antigua de Luxemburgo. Tiene actualmente 4.610 habitantes. Creció a los alrededores de la Abadía de Echternach, que fue fundada en 698 por San Willibrordo, un monje inglés de Ripon, quien se convirtió en el primer obispo de Utrecht y trabajó para cristianizar a los frisios. Como obispo, dirigió el monasterio como abad hasta su muerte en 739.

Interior de la Basílica de san Wilibrordo

El río Sauer que fluye a través del pueblo, ahora forma la frontera entre Luxemburgo y Alemania, pero en el Imperio Romano tardío y bajo los merovingios era un terreno malsano. La villa romana de Echternach (sus restos se redescubrieron en 1975) que fue parte de la sede de Tréveris (ahora en Alemania) fue entregada a Willibrordo por Irmina, hija de Dagoberto II, rey de los francos.

Tumba de san Willibrordo

Echternach continuó teniendo patrocinio de la casa de Carlomagno. Aunque los monjes fueron desplazados de sus dominios seculares por el obispo de Trier, y los edificios de Willibord se incendiaron en 1017, la basílica romana con torres simétricas aún aloja su tumba en su cripta. La abadía fue célebre por su famosa y floreciente biblioteca y scriptorium. La abadía fue reconstruida en un atractivo estilo barroco en 1737. Los monjes fueron dispersos en 1797, y los contenidos de la abadía y de su famosa biblioteca fueron subastados. Algunos de los antiguos manuscritos de la abadía se encuentra en la Biblioteca Nacional de París.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Catedral de la Asunción de Padua


La Catedral Basílica de Santa María de la Asunción de Padua es la tercera estructura construida en el mismo sitio. La primera fue erigida después del Edicto de Milán en 313 y fue destruida por un terremoto el 3 de enero de 1117. Fue reconstruida en estilo románico: la iglesia medieval se puede ver en los frescos de Giusto de Menabuoi en el baptisterio contiguo.


El diseño de la catedral existente a veces se atribuye a Miguel Ángel, pero en realidad fue obra de Andrea della Valle y Agostino Righetto, y tiene mucho en común con las anteriores iglesias de Padua.


Aunque los trabajos de construcción comenzaron en el nuevo edificio renacentista en 1551, fue terminado solamente en 1754, dejando la fachada inacabada.